PODEMOS II

Buenas os dejo aquí la interesante continuación del articulo de Jorge Herrero.

Un gran abrazo

Afri

Podemos: ¿En principio fue el verbo? (II)

En la primera parte de nuestra crítica[1] a la perspectiva de la dirección de Podemos, como proyecto político, resaltamos la impotencia a la que conduce la ausencia moral de cara a la práctica transformadora de lo social (combinada, lo que es peor, con el moralismo en la teoría, que induce a pensar que la crisis del capital es simplemente el resultado de malos gestores del capital y sus movimientos) junto a un desprecio a la teoría y a los principios, reducidos a adornos decorativos de despachos universitarios pero que nada entran con la práctica transformadora. Ésta es el terreno de los más listos, de los que mejor y del modo más despreocupado saben moverse.

Más allá del éxito electoral que está conllevando la fundación de Podemos (éxito que en cualquier caso no hay que sobre valorar, ya que hay que ver el coste electoral que puede derivarse de cómo la construcción de una organización extremadamente jerarquizada y en torno a un discurso moralizante contra la corrupción, pueden tener casos como el de Monedero), lo que cuestionábamos es la impotencia a la que conduce su discurso. Más allá de la posibilidad de ganar electoralmente, ¿Qué hacer después? ¿Para qué va a servir? Precisamente dada la ausencia de los principios teóricos, de un análisis serio acerca de las dinámicas de los movimientos del capital, se trata de un proceso que con la misma facilidad que genera ilusiones, las trasformará en su contrario, en un caldo de cultivo de frustraciones de resultado incierto (aunque dado el nivel actual de conciencia y ausencia de principios y perspectivas no parece ser un futuro prometedor. El éxito constructivo de Podemos ha derivado en un auténtico tsunami sobre la llamada izquierda radical y social lo que es en primer lugar un síntoma de la ausencia de seriedad intelectual y moral en los principios que decían defender). Las ilusiones de hoy se volverán como un boomerang de seguras frustraciones en el mañana.

 Del comunismo que vive en la ontología social…

 La cúpula dirigente de Podemos procede de un modo desigual de la autonomía madrileña, y, sobre todo, de la influencia que sobre ellos ejercieron autores como Toni Negri. En Negri, nos encontramos con la ontologización de lo social y de la clase. Es decir, el dotar a la clase de un contenido a priori de carácter revolucionario y comunista. Negri, en su larga trayectoria que no podemos tratar en este artículo, hablará de diferentes composiciones sociales a lo largo del tiempo en los que se expresará dicha ontología social: obrero masa, obrero social, general intellect o trabajador inmaterial, hasta llegar finalmente a la multitud como expresión política. Para Negri el capital reacciona a posteriori a los movimientos de autovalorización antagonista a las que conduce la lucha de clases, de esta manera son las multitudes y la clase en lucha quienes fomentan el progreso y las reestructuraciones sociales que lleva a cabo el capital. El resultado final de este proceso teleológico es el desarrollo del Imperio (por una parte) y la multitud (por otra). La multitud es la expresión política de un trabajo inmaterial que es el resultado ya en acto su potencia comunista, frente a un dominio del capital que es cada vez más parasitario, ya que vive sólo extrayendo la sangre viva de la composición social y creativa que expresa el trabajo inmaterial. Negri, con el pasar del tiempo y ante la evidencia de la falsedad de sus argumentos, demorará en el tiempo el futuro comunista. De lo que se trata es de permitir el máximo desarrollo del Imperio, llegando incluso a la alianza entre las multitudes de Imperio con las aristocracias progresistas de éste (favoreciendo una geopolítica multipolar frente al unilateralismo de Bush y sobre todo con su apoyo al proyecto de Constitución Europea a principios del siglo XXI) [2].  Una vez que este desarrollo se logre, con el pasar de las décadas, el comunismo llamará a la puerta de la Historia para entrar cual señor educado. En el fondo se trata de una perspectiva en su determinismo muy similar a las interpretaciones revisionistas y gradualistas en el seno de la II Internacional. Pero obviamente sin el peso militante y social de dichas ontologías sociales (la socialdemocracia alemana por ejemplo disponía de decenas de periódicos y de más de un millón de militantes).

Para los máximos exponentes de Podemos fue significativa su experiencia en este ámbito “autónomo”, que se expresó en el movimiento antiglobalización y en la hegemonía que sobre ellos suscitaba un sector de la autonomía italiana, el del nordeste en torno a Padua, cuyo máximo representante es Lucca Casarini. No casualmente la Tesis de Pablo Iglesias es sobre el movimiento de Le tute bianche que vivieron su momento de gloria en las manifestaciones de Génova donde murió Carlo Giulani.

 Ahora bien, resulta evidente de lo dicho más arriba, la impotencia teórica y práctica de estas referencias “autónomas”. La apología de la ontología de lo social, en Negri, el presunto poder constituyente de la multitud acaba trocándose en impotencia. Por eso se vive permanentemente en un péndulo continuo e igualmente impotente, el de la autonomía de lo social y el de la autonomía de lo político. Negri, con su actual defensa de la construcción europea o del mismo gobierno petista en Brasil, se ha pasado a la autonomía de lo político que en pasado defendía su adversario Tronti. Para la cúpula dirigente de Podemos fue fundamental su paso de asesoramiento a gobiernos de izquierda populista en América Latina, hay descubrieron un autor (más auténtico que Negri) para defender dicha perspectiva, Ernesto Laclau. En cualquier caso lo importante es entender que se vive en un péndulo que no es sino una moneda con dos caras igualmente engañadizas, la ontología social se trueca en impotencia social y el voluntarismo político en retórica que se disuelve frente al peso de lo real[3].

 …A la teología del verbo.

 Ernesto Laclau se encuentra en la base teórica para entender buena parte de las premisas teóricas de Podemos. Así como sus límites bien reales. Para ello nos centraremos en dos de sus libros más importantes (Hegemonía y estrategia socialista escrito con Chantal Mouffe y La razón populista escrita sólo por él).

El primero de los libros hay que inscribirlo en el momento en que se escribe (1985) centrado en una época de crisis del marxismo académico u occidental (para utilizar la terminología empleada por Perry Anderson en su famoso libro en los años 70´), donde un montón de autores desde Althusser a Poulantzas, desde Lyotard a Colletti empiezan a hablar de la crisis del paradigma marxista. En algunos casos, el de Lucio Colletti será de los más sonados, el resultado final de dicha crítica les llevará a un desplazamiento hacia posiciones claramente derechistas. Por ejemplo, el otrora brillante intelectual italiano, discípulo de Galvano Della Volpe y autor de importantes reflexiones, acabará sus días como diputado de Berlusconi y Forza Italia. Esta crítica al paradigma marxista heredado encontraba el peso de la contrarrevolución que el pensamiento marxista revolucionario había vivido en los años 20´y 30´, frente al pensamiento originario que unía en un único cuerpo teoría y praxis en las elaboraciones de Rosa Luxemburgo, Lenin, Pannekoek, etc. el marxismo occidental se caracterizó en buena medida por su clausura en las aulas universitarias y por la pérdida de lo que había sido la reflexión programática y estratégica de las izquierdas del movimiento obrero (además, lo que veremos que es muy importante a lo largo de este artículo, de no entender que el centro de la elaboración marxiana se centra en una crítica de la mercancía y el trabajo abstracto como células desde las que se unifica lo social). De esta manera se dio una escisión entre organizaciones nacidas de la contrarrevolución estalinista, los diferentes PC occidentales, e intelectuales que se referían a ellos como “compañeros de viaje” Althusser, Poulantzas, etc. Es este el “tipo de marxismo” que entra en crisis en los años 70´, a la luz también del fracaso de la Unión de Izquierdas en Francia, del abandono del reclamo retórico a la dictadura del proletariado por parte del PCF, del rápido fracaso de las ilusiones “sociales” del gobierno Mitterrand-Marchais (secretario general del PCF) de 1981 en Francia. Este fracaso llevará en los años 80´ a una reelaboración de las problemáticas de los años 70´ en una clave nueva, de tipo postestructuralista, a partir de la influencia que filósofos como Derrida ejercerán explícitamente centrándose en el fracaso del marxismo como metanarrativa histórica (que tenía un sentido a priori de la historia) y la reducción de la teoría a un tipo contingente de interpretación lingüística.

Es en este contexto en el que hay que ubicar a Laclau y Mouffe en su libro Hegemonía y estrategia socialista. Ellos realizan una crítica a la tradición marxista revolucionaria, para ello parten de algunas premisas incorrectas, propias de una interpretación del marxismo y de la obra de Marx que no entiende que el centro de su obra parte de la crítica de la economía política y de cómo la riqueza en el capitalismo se expresa como una enorme acumulación de mercancías. Mercancías que son el resultado de un trabajo abstracto que como sustancia social se expresan en el valor de cambio y en la forma-dinero como equivalente general de toda la riqueza subsumida como tal por el capitalismo. ¿Qué queremos decir con esto? Que Marx no es un economista clásico (como Adam Smith o David Ricardo) que realiza ciencia económica y anda tras la búsqueda de una medida económica que permita el intercambio de mercancía por mercancías, que permita la producción de mercancías por medio de mercancías. Marx entiende que el capitalismo conlleva una lógica social y antropológica unitaria, que deriva de lo que él llama fetichismo de la mercancía. En el capitalismo la riqueza inevitablemente aparece mediada socialmente por el trabajo abstracto (es el resultado de la separación de los trabajos concretos de los medios de producción y de la fragmentación en múltiples trabajos concretos), trabajo abstracto (medido como tiempo de trabajo socialmente necesario) que es independiente de los múltiples trabajos concretos. De esta manera el resultado de lo que es una relación social concreta, humana e histórica (construida históricamente a través de una multiplicidad de formas de acumulaciones originarias de capital a través de la separación de los campesinos de las tierras comunes, de destrucción de la aldea campesina, de exterminio patriarcal de las mujeres creando un chivo expiatorio como las brujas, por medio del colonialismo…) aparece por lo que es en realidad bajo el capitalismo, es decir una riqueza social que sólo puede aparecer mediada por el trabajo abstracto que se expresa como valor de cambio, como dinero, como capital. El capital de este modo (valor hinchado permanentemente de valor) se naturaliza, aparece como si fuese un sujeto automático que vive de sus propias fuerzas y energías, como premisa para la vida. Es una inversión fetichista que expresamos cotidianamente en el lenguaje (incluido obviamente el programa de Podemos), por ejemplo, cuando hablamos de los capitalistas como los emprendedores, los empresarios, los creadores de riqueza, los que ofertan trabajo o son dadores de trabajo. O en la otra medalla de la dualidad, cuando se pide un salario justo, como si el salario tuviese algo que ver con el tiempo de trabajo dedicado a la producción de una riqueza. Salario no es riqueza, es la expresión en valor de cambio de la reproducción de la fuerza de trabajo. Por lo tanto la lógica de la mercancía cosifica a las personas y personifica lo que no es sino una relación social, el capital. La reificación social, que opera espontáneamente en el capitalismo, es, como decía Marx, una cámara oculta, opaca que no permite desvelar la naturaleza profunda de la opresión capitalista. Esta no se da de un modo explícito como en otras sociedades anteriores sino que se interioriza y naturaleza por parte de los mismos oprimidos y explotados. La mercancía se convierte en la religión de la vida cotidiana (Marx) que opera en la sociedad del espectáculo en la que vivimos, que no es sino la de la sociedad mercantil.

Este largo excursus se debe a que la premisa del discurso de Laclau y de Mouffe se centra en que no existe ningún tipo de unidad en lo social, lo social sería el terreno de la indeterminación cuasi absoluta. Este error tan tosco se debe a una profunda desinformación acerca de lo que Marx pretende decir. Marx no habla de una unidad social que se daría por una ontología revolucionaria de la clase obrera, una ontología espontánea que como visión del mundo se actualiza en una revolución comunista. La unidad social se da a través de la lógica de la mercancía que como cámara oculta guía la conciencia, las identidades, las acciones de los seres humanos. No lo saben pero lo hacen le gustaba repetir al viejo Karl para explicar la espontaneidad con que se reproducen las relaciones sociales mercantiles. Por el contrario la revolución comunista debe encontrar sus premisas en fuerzas conscientes, intelectuales y morales. Frente a la destrucción de toda causalidad conscientemente teleológica con que opera el capital (como valor hinchado de valor).

 Pues bien todo el libro conjunto de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (Hegemonía y estrategia social) parte de dicha premisa. El marxismo está equivocado porque pretende que de modo a priori se da una unidad social gracias a la conciencia de clase que esencialmente es comunista. No negamos la influencia que esta visión ha tenido en algunas interpretaciones hegemónicas de la II Internacional (por ejemplo en Kautsky) o en las visiones sociológicas de la clase obrera que son lugares comunes en un determinado tipo de marxismo revolucionario (por ejemplo en la inmensa mayoría de las corrientes trotskistas), lo que rechazamos es su inapropiedad no sólo de cara al pensamiento del Marx crítico de la economía política, sino para resumir buena parte del debate estratégico de las izquierdas del movimiento obrero a partir de la revolución de 1905, tal y como hacen Laclau y Mouffe (en relación a los debates protagonizados por Rosa Luxemburgo, Anton Pannekoek, Lenin, Trotsky, etc.)[4]. Al respecto Laclau y Mouffe parecen desconocer las razones de fondo que se enfrentaban en las batallas dentro de la II Internacional y de cara a las posibilidades bien reales (y nada retóricas) que se abrieron en relación a la oleada revolucionaria de 1917-1923 en países como Alemania, Austria, Hungría, Italia, Finlandia, Bulgaria, etc.

 ¿A dónde conduce esta premisa que niega la unidad inmanente de lo social? ¿Desde dónde se puede reconstruir dicha unidad? Laclau y Mouffe se encuentran profundamente influenciados por las derivas post estructuralistas de los años 70´, herederos del giro lingüístico que reduce lo social como si fuese una simple derivación del lenguaje. De esta manera es el discurso el que constituye el terreno primario de constitución de la objetividad como tal, el discurso es la verdadera forma a priori que constituye la unidad. “El nombre se convierte en el fundamento de la cosa” (La razón populista, página 130) llega a decir Laclau.

 Partiendo de este nominalismo de manual que reduce a la nada la realidad fuera del discurso, que hace de los conceptos y las categorías meros enunciados lingüísticos, se puede entender como la autonomía de lo político que dicen defender es en realidad una autonomía lingüística. La realidad se encuentra profundamente fragmentada en identidades puramente diferenciales, particulares[5]. Por ello hay que construir una lógica de equivalencias que subviertan dichas diferencias que se dan en la realidad social. Para ello hay que construir una cadena de equivalencias que permiten su articulación a partir de las múltiples demandas que se dan en la heterogeneidad social, lo que hace posible el surgimiento del pueblo, como nuevo sujeto de antagonismo y de unidad social. El pueblo requiere la división dicotómica de la sociedad en dos campos (por ejemplo, el pueblo frente a la casta) esa es la función de los significantes vacíos, construir dicha brecha, dicha división antagonista (significantes de sentido común, no somos ni de derechas ni de izquierdas). Esto es posible porque dichos significantes son muy amplios (vacíos precisamente) para que puedan identificarse los distintos sujetos más allá de sus múltiples diferencias. Es sólo a través de los significantes vacíos como se pueden superar las diferencias y construir la unidad, significantes que son vacíos porque precisamente se abstraen de las diferencias de lo particular que constituyen lo social, nombres de universalidad que transciende sus contenidos particulares reales[6]. El significante vacío es quien constituye la totalidad, sin la producción de vacuidad no hay pueblo. Los significantes vacíos tienen que ser articulados políticamente en una cadena de equivalentes, esa operación se consigue precisamente por lo genérico y vacío del significante que permite superar la multiplicidad de diferencias de lo real y construir la plenitud del pueblo. Sin vacuidad no hay plenitud. Significantes como patria, pueblo, ciudadanía, democracia frente a la casta como utiliza operativamente Podemos. Por eso Laclau habla de significantes no sólo vacíos sino también flotantes, y es que hay que tener cuidado, ya que su carácter genérico, de sentido común, implica que otras cohortes políticas también se pueden apropiar, aprehender, hegemonizar políticamente dichos significantes, y es que, debido a su vacuidad, flotan[7]. O sea que después del gran esfuerzo de nuestros dadores de nombres, en Podemos, quizá la patria o la nación, o la lucha contra la casta puedan ser utilizados por otros con intenciones más facciosas[8].

 Entonces resumiendo tenemos que la diferencia constitutiva de lo social puede ser superada gracias a la articulación equivalente de significantes vacíos que permiten englobar y trascender los significados concretos de las múltiples demandas particulares. Esto es posible porque una cadena de equivalentes nombra y absorbe la realidad a través de la autonomía de lo político, por medio de una operación de articulación hegemónica[9]. Esto permite entender porque para Laclau “Lo político es la anatomía del mundo social” (La razón populista, páginas 193-194). El pueblo existe porque se le nombra y escucha  través de los significantes. En realidad las premisas de este discurso recuerdan no casualmente a Hobbes. Se parte siempre de un como si[10], en ambos casos, el de Laclau y el de Hobbes, de subjetividades separadas y fragmentadas entre sí que sólo pueden alcanzar la unidad en el momento de autonomía de lo político. Quién nombre dicha unidad, el Leviatán abstracto o la figura populista, que condensa el populismo es algo secundario. La operación lógica es la misma. Y es que los fundamentos de Laclau son propios de la metafísica de la modernidad burguesa. Los propios de un nominalismo radical, el nombre es la base de la unidad del objeto (nos dice Laclau), y es que en todo su discurso dicha unidad se construye sobre la base de agentes que se unen porque se nombran, sobredeterminando una pluralidad de demandas que se condensan a través de relaciones de equivalencia (unidas por metonimias de contigüidad). El momento contingente de la unidad es constituido por quién nombra. El que nombra y es escuchado dispone del poder. El nombre es el punto nodal, altamente investido, libidinal y afectivo, que constituye la unidad de lo social. Como vemos el discurso fundamenta la unidad de lo político que fundamenta lo social. El discurso constituye el terreno primario para constituir la objetividad como tal, ésta sólo existe porque es nombrada (por el dirigente carismático). La política es esta lucha hegemónica por los nombres.

 Como decíamos anteriormente, sólo de un modo aparente son sorprendentes las analogías con la obra de Hobbes. En realidad en la obra de Laclau se condensan de un modo inconsciente algunos de los fundamentos básicos de la modernidad teórica burguesa. No lo sabe pero lo hace. Buena parte de esta modernidad se fundamenta en un como si que parte de hipótesis no sólo independientes de la realidad sino que la niegan: como si los agentes económicos fuesen sujetos racionales que actúan sobre la base de sus intereses racionales en un mercado equilibrado de oferta y demanda, como si la democracia fuese el resultado de la deliberación racional de ciudadanos abstractos y separados, iguales en derechos y deberes que actúan en función a sus intereses particulares; como si el Estado fuese el resultado que permite unificar finalmente a través de la soberanía del Leviatán o del discurso del líder carismático la irreducible heterogeneidad de lo social dejada a sí misma… Y este como si que transforma la representación (independiente) de lo real en el objeto de lo real es adecuado a una sociedad (unificada en torno al fetichismo de la mercancía) que no puede reconocer cual es su cámara oculta, el movimiento del capital en su reproducción automática que en este caso si deviene autónomo.

 La modernidad burguesa (también en sus versiones postmodernas extremistas) parte pues de negar la existencia de la cámara oculta y opaca que desvela que en realidad la mercancía y el capital no son una cosa sino una relación social. Por eso vive de un nominalismo que pretende fundamentar que es el nombre el que construye la unidad del objeto de lo real (para volver a decirlo con Laclau, en su caso nada más y nada menos que de la sociedad). En realidad este giro lingüístico es muy poco actual, encuentra su raíz en los debates escolásticos del siglo XIV[11] que nos hablan ya de la posibilidad de un conocimiento intuitivo independientemente de la presencia o existencia del objeto. Estas premisas nominalistas, voluntaristas y formalistas van a acompañar la modernidad teórica burguesa. Y no casualmente el voluntarismo teológico Potentia absoluta dei de divina memoria se transforma en Hobbes en la Potentia absoluta del Estado, encarnado en el caso de Laclau y de Podemos en el líder carismático, nombrado como Secretario General. En el principio fue el verbo, quien tiene el poder para nombrar (y para ser escuchado) es el que (según estas teorías) tiene (nada más ni nada menos) el poder de crear la realidad. Los líderes de Podemos parece que se presentan a oposiciones teológicas.

 Ahora bien, sin embargo, no basta con nombrar (como Moisés hizo para que se abriese el Mar Rojo) al capital para que éste se detenga. El carácter diabólico de su lógica, la de un valor hinchado de cada vez más valor, es demasiado real y efectivo para que se detenga con la mera voluntad del verbo[12]. Más bien el destino de aquellos que no reconocen el carácter opaco (pero bien real) de su cámara oculta y oscura es la de convertirse en funcionarios del capital. En este sentido, la cúpula de Podemos parece que suspenderá las oposiciones divinas pero está, por el contrario, sacando una nota más que sobresaliente para la oposición a funcionario del Estado / del capital(13).

Los dirigentes de Podemos aluden con frecuencia a que hay que aprovechar que se ha abierto una “nueva ventana de oportunidades” para poner en crisis el régimen de 1978 y construir una máquina electoral con posibilidades de ganar. A lo largo de estos dos primeros artículos hemos visto los límites e impotencias concretas de este discurso, justo cuando se pretende descender al terreno de las transformaciones de la realidad. Al contrario, y desde un punto de vista revolucionario, quizá se pueda abrir “otra ventana de oportunidades”. ¿Cómo? Tratando de hacer algo de luz, despejando el terreno, tras por lo menos más de 50 años erráticos de producción teórica marxista y radical, y ver si no sería más fructífero partir de otro enfoque teórico del marxismo, como el propuesto en este artículo, y que recupere al mismo tiempo los lazos más auténticos del pasado, rotos por la contrarrevolución estalinista y burguesa. Pero para ello es importante confrontarse con la fascinación que conceptos como hegemonía y autores como Gramsci siguen ejerciendo en el presente; a partir de cómo fueron recuperados por el PCI de Togliatti en los años 40´y 50´ y desde los años 70´ utilizados por doquier como posibilidad de recuperar un marxismo menos dogmático y determinista [14] para fundamentar concepciones que parten siempre de la autonomía de lo político, a ello nos dedicaremos en un próximo artículo.

Madrid, 22 de Febrero de 2015.

Jorge Herrero.

[1] Véase Podemos: Algunas notas sobre un significante flotante en el postmoestalinismo

[2]Al respecto se puede ver el reciente artículo publicado en Público por Antonio Negri y Raúl Sánchez Cedillo a propósito de Podemos y Syriza y la necesidad de llevar a cabo un proyecto constituyente y federalista dentro de Europa, La esperanza del monstruo democrático, entre Syriza y Podemos.

 [3] Podemos establecer un lejano paralelo entre la fase actual y lo que fue el 68´. En el 68 vivimos un gran proceso de efervescencia social del que paradójicamente (y tras mostrar la impotencia la mera autoorganización social inmediata) sacaron rédito en primer lugar los partidos marxistas leninistas y después movimientos como el PSU en Francia (que acabará en el PSF), el PSOE en España o Los Verdes (de un modo más auténtico en Alemania). Piénsese en la deriva actual de Los Verdes para entender a donde conduce el realismo de lo político. Igualmente puede establecerse un paralelismo de cómo la borrachera social del 15-M al no encontrar una solución inmediata se transforma en la necesidad de tomar las instituciones por parte de Podemos. El líder del 68´ alemán, Rudi Deutschke, habló de un modo más auténtico “de la larga marcha por las instituciones”   

[4] Es también sintomática la recuperación crítica que hacen del revolucionario sardo Antonio Gramsci. Que es también una de las referencias generales de la cúpula de Podemos. La operación obviamente implica una profunda tergiversación del revolucionario italiano (como ya hizo en pasado Togliatti). Ahora bien es una tergiversación siempre posible debido a las enormes debilidades y fragilidades del comunista sardo. En un futuro artículo nos gustaría poder desarrollar dichos puntos muertos desde un punto de vista comunista revolucionario en los que se adentran operaciones como el PCI togliattiano, Laclau o el mismo Podemos. Además de infinidad de profesores desde sus cátedras universitarias repletas de su sacra ignorancia.

[5] Con esta argumentación Laclau viene a establecer un presunto golpe mortal a las premisas de Marx, que descansarían en un esencialismo ontológico de tipo revolucionario. Ya hemos visto, sin embargo, que no es así. Marx sabe perfectamente que en la sociedad mercantil la mercancía reproduce espontáneamente su lógica, lo que no quiere decir que ésta no pueda ser subvertida desde fuera de su lógica y sus premisas. Ya que en la cámara oculta de la mercancía se desvela su secreto y la posible solución al enigma, el capital no es una cosa, es una relación social por lo que aquellos que anudan dicha relación social pueden negarla desanudándola y afirmando una sociedad sin clases y sin Estado.   

 [6] Es aparentemente sorprendente, si no lo pensamos más profundamente, la profunda similitud con la lógica de la mercancía. Del mismo modo que la mercancía opera a través de un trabajo abstracto que transciende las cualidades y los valores de uso de los múltiples trabajos concretos. El significante vacío de Laclau se construye sobre la trascendencia de las múltiples diferencias y particularidades que constituyen lo social. La sorpresa de la similitud es sólo aparente y es que los significantes vacíos que construye Laclau: pueblo, patria, ciudadanía, democracia… Son precisamente, debido a su abstracción, meros enunciados de la metamorfosis política de la mercancía. Y es que hacen abstracción de la realidad, es decir de la cámara oculta del fetichismo de la mercancía, por eso son tan útiles a la reproducción ampliada de la lógica de la mercancía en un terreno político.

[7] ¿Quizá sean tan de sentido común porque encarnan la espontaneidad de la reificación capitalista?

[8] O a lo mejor ha sido al contrario pues recordemos que no somos ni de izquierdas ni de derechas tiene memoria José antoniana en la fundación de Falange en el Teatro de la Comedia de Madrid: “El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas”.

[9] Aquí se encuentra la recuperación heterodoxa de Gramsci por medio de Laclau y Mouffe. En realidad en el caso de Laclau esta recuperación y su misma construcción del discurso populista será instrumental a un discurso y una práctica política como la peronista en Argentina, hasta llegar a convertirse en última instancia en intelectual de cabecera de los Kirchner.

[10] En el caso de Hobbes de un presunto estado de naturaleza de guerra de todos contra todos (del que el filósofo de Malmesbury nos dice que no tiene ninguna prueba pero que al mismo tiempo constituye la premisa metodológica para su teoría el Estado), en el caso de Laclau todo parte de una premisa, el carácter irreducible y heterogéneo de lo social que sólo puede ser unificado (como en Hobbes) a través de lo político.

[11] No casualmente Guillermo de Ockham y Duns Escoto vivieron ambos en el siglo XIV, el siglo de la crisis del feudalismo.

[12] Sus contradicciones, como decimos en la primera parte del artículo, se encuentran en otro terreno. El de la dificultad de medir la cada vez más riqueza humana a través de la figura siempre más parasitaria e insuficiente del valor.  

(13). He visto la entrevista que ha realizado En la Clave Tuerka Pablo Iglesias a Chantal Mouffe (emitida el domingo 15 de febrero) una vez escrito el borrador de este artículo. Obviamente no llega a la profundidad en los argumentos que se desarrollan en los dos libros citados de Laclau y Mouffe. Pero es interesante la visualización de la entrevista para ver la influencia de La razón populista en la construcción del discurso de Podemos. En primer lugar por la influencia central que tiene el discurso a partir de significantes amplios en la estrategia de Podemos, y sobre todo lo que implica en un camino concreto que conduce a “una lucha dentro de las instituciones democráticas” como dice Chantal Mouffe. Para ello hay que entender que “es un error pensar que el Estado es el enemigo” (Mouffe) e Iglesias añade: “En realidad es la esperanza”. Otros son los temas y autores tratados por ejemplo en relación al PCI de la época de Togliatti o sobre la recuperación de Gramsci que realizaron Mouffe y Laclau. En esto en cualquier caso existe una tergiversación que puede ser más por ignorancia que por mala fe, como cuando Pablo Iglesias sostiene que la guerra de movimientos era la lucha por el poder en Gramsci (era un Gramsci más leninista) y la guerra de posiciones sería el campo de la ideología y del consenso. A partir de esa definición, cuanto menos esquemática, lo tremendo es cuando Pablo Iglesias pretende cuadrar ese concepto gramsciano con la actual estrategia de Podemos (cuando fue un concepto nacido a partir de las posiciones sobre el frente único y el gobierno obrero que nacieron en el III y IV Congreso de la Internacional Comunista aún bajo la influencia hegemónica de Lenin).

[14] Es muy significativa, sin embargo, la ausencia de reflexión seria, por ejemplo, sobre Rosa Luxemburgo y su elaboración socialista revolucionaria. Como clara muestra de la ruptura que supuso la contrarrevolución de los años 30´.

Anuncios
PODEMOS II

ME PARTO CON MI PARTO

Hola quería compartir esta experiencia de mi vida tan personal, pero que me encantaría que sirviera de reflexión y denuncia. Sin mas dilataciones os lo dejo aquí colgado.

Un besote

Afri.

ME PARTO CON MI PARTO

Desde que descubrí que estaba embarazada nuestra relación –la mía y la de mi compañero- con la institución sanitaria ha sido una tormenta de lluvia ácida, un plato de mal gusto, una broma pesada, una púa clavada, una horripilancia, un mal sueño.

Somos Kiko y Afri y tenemos 29 y 26 años respectivamente. Un bonito día de luna llena culminamos en un acto de amor el dar nueva vida al mundo, y en este proceso nos hemos encontrado enfrente al enemigo de los niños, al enemigo de la libertad, al enemigo de las mujeres y de los hombres. Esta carta nos gustaría que fuera una piedra colocada con presteza en una honda y disparada a la cabeza de los que usurpan los momentos esenciales de la vida. También esperamos que sirva para reflexionar sobre la irresponsable delegación de los partos en las manos del Estado.

EL EMBARAZO

Me pasé los cuatro primeros meses del embarazo trabajando felizmente con un rebaño de ovejas merinas en la dehesa cordobesa y aunque intentaron meterme el miedo dentro, ni se me metió la toxoplasmosis ni se me metió su miedo. Tuve bastantes náuseas, mareos y vómitos en estos primeros meses, que curiosamente me daba con la comida basura entre otras cosas, y no con el estiércol. El médico, al saberlo, me recomendó unas pastillas para que pudiera estar mejor, y aunque me deje persuadir, no funcionaron. Enseguida dejé de tomarlas y tras pasar unos primeros días jodidos dejé de tener vómitos fuertes.

Desde entonces empecé a desconfiar de las leyes obstétricas e inicie la lectura de libros sobre el parto natural. Estos libros criticaban las teorías de los años ochenta sobre los partos e incidían en el error de relegar a las mujeres en meros pacientes y no en agentes activos. Estos textos cuestionaban el uso de un montón de máquinas y medicamentos para conseguir parir. Y en tratar el acto de dar a luz como si de una enfermedad se tratase.

Pero en este país en el que vivimos parir en casa supone pagar más de dos mil euros y eso superaba nuestras posibilidades. Ante esto decidimos elegir el mal menor y nos decantamos por el hospital menos intervencionista que conocíamos: el de Torrejón de Ardoz. Hospital estatal, que aunque gestionado por la empresa Torrejón Salud S.A. –cuyos accionistas mayoritarios son Sanitas, Assisa y FCC-, ofrece un parto más respetuoso.

Antes de seguir, para no ser cómplices por omisión dejamos claro aquí que es una vergüenza histórica y universal el que tanto el Estado como el Capital saquen beneficio corporativo de nuestra salud. Doble beneficio: el poder y la legitimación. Pienso que el único camino para no generar servicios fuera de una ética humana, es apoyar a la creación de una sanidad autogestionada y dedicar nuestras energías a la construcción de esta.

Del quinto al séptimo mes estuvimos en Madrid. Nos tocó por asignación el Hospital de la Paz, pero este último verano se colapsó completamente. La burocracia sanitaria consiguió hacernos la ecografía de la semana veinte (la ECO-20) la semana veintitrés. Para empezar no pude compartir ese momento con mis padres que habían venido a acompañarme, aunque en la sala había espacio de sobra. Parece ser que se sienten muy intimidados por la presión del grupo para realizar su trabajo. Me acusaron de no haberme colado de alguna manera (¡entonces ¿para qué pasarme una mañana entera para que me den cita?!) para subsanar el retraso (es decir cuando les interesa). El interés de que se realice en la semana veinte es para detectar problemas e iniciar a tiempo algún posible remedio. Esta reprimenda nerviosa, sonaba más a quitarse el muerto de encima por si el niño venía con algún problema remediable (es decir no responsabilizarse de una posible negligencia). Tras esto, la doctora se puso a trastear en un océano de silencio. Añadir que, aunque solicité con respeto información, (parecía que preguntarle por su salud, o si era niña o niño), era hacerme un pesado favor, que no tenía que ver con su trabajo.

Al séptimo mes nos fuimos a vivir a nuestro pueblo encajonado en el Valle del Tiétar. Como en mi pueblo no había clases de preparación al parto, me apunté a yoga para embarazadas una vez por semana, y la verdad es que me encantó porque me alivió los dolores de espalda que empezaba a tener, la acidez, y me enseñó a sentir al feto, a respirar y sobre todo a confiar en mí cuerpo.

Al mes, me puse de parto a las once de la noche. Al ser nuestro bebé octomesino determinamos acudir a las urgencias del hospital más cercano que resultaron ser las del hospital Nuestra Señora del Pardo en Talavera de la Reina. En los treinta kilómetros de camino que nos separaban de esta ciudad, me iban dando fuertes contracciones regulares cada menos de tres minutos. Al llegar había dilatado tres centímetros, esto me indicaba que el parto iba a ser rápido.

Con los cambios de comunidades que hicimos durante los ocho meses de gestación, de Andalucía a Madrid y de Madrid a Castilla la Mancha, apenas teníamos papeles en mano, ya que todo se lo quedan ellos, (porque debe ser que no somos responsables ni para guardar papeles), y si los quieres, debes pasar por otro mar de citas, colas y solicitudes que no nos dio tiempo a pasar, porque mi parto se adelantó a la burocracia, lo que enfadó mucho a los funcionarios de Talavera. Es curioso que se alardeen de tanta tecnología avanzada y de un pragmatismo centralista exquisito, que para pasarse información banal, necesiten de los tan odiados pacientes.

EL PARTO- LA DILATACIÓN

Antes de empezar a contarlo, decir que yo soñaba utópicamente con un parto lleno de pasión e intimidad, donde poder utilizar todas mis energías libremente en concentrarme para controlar mi cuerpo, y que saliera de mí una parte de mi preciado ser, a compás de los ritmos y fuerzas naturales…incluyendo la fuerza de la gravedad…en cuclillas como se había hecho desde que el ser humano llegó a existir, lo que me hacía hermanarme con mi propia especie. Yo deseaba experimentar esto y me sentía capaz de ello.

Nada más llegar una señora nos empezó a pedir papeles en tono amenazador. Nos advirtió que si no le dábamos el papel que pedía que allí no entrábamos. Al final me pasaron a una sala para ver el estado en el que me encontraba y dejaron a mi compañero negociando los papeles. Me hacían de manera repetitiva las mismas preguntas a las que ya había respondido ¿Cuál era la fecha de la última regla (FUR)? ¿Mi nombre y apellidos? ¿Mi dirección? ¿Si había tenido algún problema? Repitiendo esto una y otra vez en disposición aturdidora y enfadadas porque no tenían el historial en el hospital.

Llegó mi compañero a mi lado y expresó claramente su voluntad de permanecer conmigo. Las enfermeras reaccionaron de malos modos y le ordenaron que se fuera inmediatamente de allí. Él se negó y la tensión subió. Él me pregunto si quería que se quedara conmigo con todas las consecuencias -es decir pese a las enfermeras, seguratas y demás-; o que lo dejara estar y obedeciera por el bien y la tranquilidad del parto. Como lo último que quería en ese momento era un zipizape le dije que lo dejara estar, ya que para mí lo primero era concentrarme en el parto y no en las injusticias, de tal manera que él se contuvo y entendió que había que tragar porque yo necesitaba máximo sosiego. Le trataron como a un niño.

Observaron lo avanzado de la dilatación y se dispusieron a pasarme a la sala de dilatación. Mientras echaban a mi compañero, él les trasmitió una petición mía: que no me pusieran la epidural, a lo cual ellas respondieron con gran soberbia: “eso ya lo veremos”. Entonces le enviaron de nuevo a la puerta del hospital, lejos de mí, a seguir haciendo absurda burocracia.

En la sala de dilatación me colocaron una vía y me pusieron una cincha de identificación bastante molesta, que me parecían grilletes. Me monitorizaron en la tripa para que controlasen el latido del bebé, de tal forma que me oprimía tanto que me impedía controlar bien las contracciones. Me entraron muchas ganas de defecar y podría haberlo hecho perfectamente por mí misma pero me impidieron hacerlo, (quizás por miedo a echar el feto por el wáter, cosa que era imposible para mí en ese momento).

Yo sentía perfectamente la dinámica del parto, y decidí ponerme en posición vertical para ir ayudando con ligeros movimientos ayudar a la dilatación. En seguida la matrona vino y me inmovilizó impidiéndomelo, y tratándome de loca.

Me cagué encima. Mis “carceleras” debían estar muy ocupadas con el control de otras parturientas y pasaban de limpiarme. Tras un rato llegó mi compañero de hacer papeles y como no había nadie en ese momento que se lo impidiera se vino a mi lado, y fue él quien me limpió. En cuanto vieron a Kiko en la habitación aprovecho para informar de mi voluntad de que no me pusieran oxitocina, y le echaron de nuevo. Su presencia las irritaba enormemente.

Me mandaron hacer unas respiraciones que para mí no tenían ningún sentido, además porque había preparado otras con antelación y las quería poner en práctica. Mi cuerpo me pedía realizar movimientos ondulares con mi pelvis. Me decían con gritos histéricos que me estuviese quieta, que hiciese sus respiraciones. Accedía a sus mandatos ante la coacción y sobre todo para que me dejasen en paz. Cuando se iban un momento aprovechaba para mover la cadera y hacer respiraciones profundas a mi manera y desajustarme un poquito la opresiva monitorización. Es curioso que cuando volvían se sorprendían de lo bien que iba dilatando. Manda narices.

Una cosa que me atormentaba muchísimo, era que cuando venían me hacían preguntas totalmente intrascendentes, yo las decía que no me apetecía responder y me explicaron que era para que no perdiese el conocimiento. ¿Realmente creéis que con las contracciones periódicas que tenía me iba a dormir? El caso que pasé de su rollo y seguí con mi silencio interior, tratando de desconectarme de ese presente, para meterme en mí.

A mi compañero cuando le dejaron pasar finalmente yo estaba de nueve centímetros de dilatación (en treinta minutos) y ya me sacaban de la habitación para hacer en otra sala el expulsivo. A pesar de que les dije que se esperasen un poco a que terminase de dilatar completamente. Como de costumbre palabras en vano. Ya empezaba a entender que mi voluntad contaba lo que un cero a la izquierda.

A Kiko le impidieron acompañarme y le dejaron metido solo en la sala de dilatación prometiéndole que iba a estar en el parto. El pobre estaba que explotaba, sé que con un silbido hubiera hecho lo imposible por estar conmigo y haber montado un rifirrafe monumental pero elegimos no hacerlo. Se veía que estas enfermeras estaban acostumbradas a los pacientes, no a los agentes, es decir a la sumisión servil.

EL EXPULSIVO

En la sala de partos me colocan en esas camillas de ginecólogo que parecen sacadas de una sala de tortura. Con la camilla totalmente en horizontal me mandan hacer pujos. Me sentía como si estuviera haciendo fuerza contra natura, las piernas me bailaban en los cachivaches esos para apoyar los pies, y la matrona no hacía más que darme golpes en las piernas para que se quedasen quietas. En cada pujo me metía las manos hasta las entrañas. Me hacían más daño sus manos que la fuerza del pujo. Me prohibía que gritase o que emitiese cualquier tipo de ruido porque decía que “se me iba la fuerza por la boca” y que me iba a descontrolar. Parece ser que en sus leyes mentales eso significaba ser buena matrona. Me miraba con cara de gran satisfacción.

En mi sexto pujo empecé a escuchar que ya estaba aquí, que ya le veían la cabeza. De repente oigo que la doctora dice: “te voy a cortar”. ¡Me iba a hacer una episiotomía! No me lo esperaba ya que iba bien de tiempo y mi bebe era muy pequeño. Con las fuerzas que me quedaban comencé a decirle que NO. Se lo dije de forma clara y rotunda, de tal manera que la médica dijo: me voy y ahora vengo en un momento. Me acordé de lo que me había contado mi madre de su parto, me puse a hacer más fuerte los pujos para que saliese antes de que regresase, pero no me dio tiempo. Cuando volvió nada me dijo, y note un pinchazo: era anestesia y oxitocina.

Estaba ya saliendo el bebé cuando dejaron entrar a Kiko, pero para más recochineo y dirigiéndose a él de muy mala forma no le dejaron moverse de la puerta, con lo cual no le veía ni le podía tocar pues yo estaba de espaladas a esta. Él les pidió, en este poco tiempo que tuvo y repetidas veces, que nada más nacer el niño le dejaran unos momentos en mi regazo para que nos oliésemos.

Somos pastores y sabemos la importancia de este corto pero infinito momento porque lo hemos visto y acompañado multitud de veces y hemos observado de primera mano las consecuencias de no respetarlo. Si las ovejas y sus corderos recién nacidos no se huelen en este crucial momento no hay reconocimiento mutuo y no se establece el lazo madre-cría correctamente. Además, para más inri, la madre de Kiko nos había contado varías veces la infinita tristeza –en palabras textuales suyas- que sintió cuando le arrebataron a su hijo y se lo llevaron a bañar, nada más nacer sin que ella pudiera tocarlo u olerlo.

El último pujo me pareció el más fácil de todos porque pensaba que quedaba mucho más. Guille nació llorando y apenas toco su piel con la mía, se lo llevaron a bañar, mientras que la doctora me decía que me iba a coser. ¡No respetaron nada! Kiko pidió que al menos le dejaran acompañar a las enfermeras para ver donde se lo llevaban y ver que hacían o como lo bañaban pero una celadora medio zombi le impidió salir de la habitación. Para él pasó una eternidad hasta que le trajeron de vuelta. La matrona me restregaba de manera brusca un pañuelo para quitarme la sangre y la doctora me tiraba muchísimo con los puntos, casi me estaba doliendo más que el parto. Parecía que lo estaban haciendo a mala saña. Yo estaba exhausta.

Por fin traen al bebé lavadito, cosa que nunca quise que hicieran y procedieron a pesarlo. Para mayor escarnio no dejan acercarse a Kiko a su hijo. Empiezan a cuchichear entre matronas y enfermeras que al pesar dos kilos y medio tenían que llevárselo a la incubadora. ¡Ya lo que me faltaba! Me lo querían quitar para mucho más tiempo. Por suerte la doctora dijo que no hacía falta y que ya podía el padre acercarse al bebé. Son las 2:30 de la mañana.

Llegó el pediatra y dijo que el bebé estaba perfecto –yo suspiré de paz pues para mí eso era lo más importante- . Pero acto seguido nos dice que este bebé por ser octomesino es imposible que consiga agarrarse al pecho y que es necesario que le vayan preparando un biberón. Le dice mi compañero que al menos nos deje intentarlo. Accede con una mueca despectiva y se va. La matrona me da al bebe ultra envuelto, tapado, bañado (y planchado) y me dice “Toma piel con piel”. ¿Ignorancia, mala leche, se mofa de mí? El caso que no tenía fuerzas ni para mirarla mal.

La celadora zombi nos llevó a la habitación, realmente la cara de esta trabajadora nos resumía en un solo gesto el alma del hospital: desolador, militar e inhumano. La luz artificial, los cables de las máquinas y ese color blanquecino de sus paredes hacen a estos lugares sitios “frankesteinianos”. Esta cara se nos quedó grabada porque representa a la perfección el tipo de crisis humana que estamos viviendo.

En la primera habitación nos sentíamos muy vigilados. Apenas podíamos creer lo que nos había pasado. Sentíamos el aliento de la represión en nuestro cogote, de tal manera que nos salía sólo hablar bajito y no podíamos expresarnos plenamente y reflexionar sobre lo acontecido.

Irrumpieron en la habitación varias veces: en la primera le inyectaron vitamina K sin preguntarme y sin darme tiempo a reaccionar; en la segunda vinieron con la vacuna de la hepatitis B y le dije muy airada ¡acaso esto es también obligatorio o qué! Me dijo que no y tal vez más por acto de rebeldía que por algo razonado me negué a que le pincharan más. Suficiente que nos atormentasen pero que dejasen a mi bebito en paz.

Por fin nos dejaron solos ya en otra habitación. Llamamos a la familia para anunciar el nacimiento de nuestro hijo del cual sentía orgullo de haber parido, pero al mismo tiempo frustración que definí como “parto tétrico-obstétrico”.

POSTPARTO

Es curioso que una cultura que se dice ser tan conservadora donde supuestamente se ensalza el trío madre padre e hijo/a se diseñen los hospitales de maternidad –por lo menos en Talavera- de tal manera que el padre tiene que dormir en una silla y además tenga prohibido usar el baño con un cartel grande y claro. Eran las tres de la mañana y tras unos cuantos intentos esforzados el pequeño Guille empezó a mamar perfectamente hasta hoy.

Dormimos muy incómodos pero felices en la camilla los tres juntos. A la mañana siguiente el pediatra se llevó al niño y esta vez sí dejaron que Kiko fuera con ellos. Tras examinar al bebito, invitó a mi compañero a que se sentara en su despacho y le preguntó que por qué no le vacunábamos. Él le dijo que por ahora no lo queríamos permitir por ser demasiado temprano, no descartando hacerlo más adelante. Aun así el pediatra lo tomó como una ofensa gravísima y enfadadísimo, le hablo de los avances científicos y el Progreso. Le aseguró que estaba por encima el “derecho” del niño que el Estado garantizaba, que los caprichos de un padre cualquiera. Le amenazó con que el Estado podía hacer efectivo ese supuesto derecho por encima de la voluntad de los padres. Mi compañero aguantó la mentira de la misma manera que había aguantado toda la prepotencia del parto.

En la habitación pude conocer a otra pareja de tortolitos que acaban de parir, a ella le habían hecho una cesárea. Sentí compasión porque lo suyo me pareció más grave, aunque aguantaban agradecidos lo que a mí me olía a humillación. La madre era joven y estoy convencida que hubiera podido parir de forma natural perfectamente. La excusa es que se le paró la dilatación. ¿El trato, la camilla y la epidural tendrán algo que ver? El tema es que no creo que el hospital indague las causas del por qué se paró la dilatación, ya que parece que solo importan las consecuencias. El caso es que ya en una cadena de sucesos no le bajaba la leche. No he visto el porcentaje de cesáreas y episiotomías que practica este hospital pero me huele que debe ser enorme.

Cuando ya salimos del hospital y nos dispusimos a recorrer los treinta kilómetros de vuelta a casa, por supuesto que no respetamos la normativa de tráfico de llevar al recién nacido separado de la madre para que se quedara frío como un témpano. Separar al hijo de los padres, este es el fin que se busca en cada paso que el Estado da en nuestra destrucción como pueblo y como seres humanos.

Tres meses después descubren que tengo un punto mal cosido de la episiotomía. Parte de la carne de dentro que se llama mucosa me la habían cosido hacia fuera, de manera que veía las estrellas cada vez que me quería sentar o más adelante retomar mis relaciones sexuales. Aun hoy se me está curando y sigo sin poder tener relaciones sexuales. Lo mejor de todo es lo bien que se está criando Guille y la alegría de estar juntos.

CRIANZA y algunas REFLEXIONES

También me he dado cuenta de las cosas que nos han impuesto como necesarias en la crianza del bebé. Lo voy a resumir porque en esto también hay para un libro. Al bebé se le somete a horarios, chupetes, papeleo, productos cosméticos, cunitas, carritos, etc. Todo para fastidiar la lactancia, la maternidad, ante una avalancha de miles de temores. Para que el bebé “no moleste” con la excusa hipócrita de que “es lo mejor para él”; para que no se acostumbre al amor y al cariño; para que esté lo más separado y aislado de su madre; para que no huela a bebe, sino a juguete nenuco; para que en vez de humanos seamos cosas. Y ante la duda acuda directamente a su médico que no le va a explicar nada.

Es posible que hayamos tenido “mala suerte” como algunos nos dicen, pero si he escrito mi experiencia en el parto es porque creo que se ha normalizado unas ideas y un modus operandi que debían ser motivo de escándalo.

La generación de mis padres asume estos hechos como dentro de lo normal, y que si te quejas es que eres un sensiblero. En realidad mi vida sigue tal cual, (excepto por el punto mal dado), y todo lo que han hecho las profesionales no creo que sea fuera de lo que se considera correcto dentro de la ciencia médica actual. Por ello veo que una denuncia por los medios habituales se me hace absurda, ya que parece ser que todo se puede justificar medicamente. Por esto prefiero hacer una carta que incite a reflexionar.

Como con el maltrato animal de la industria ganadera, se nos dice que al bebe no le pasa nada porque esté toda una mañana llorando “para que no se mal acostumbre”. Tal vez físicamente no les pase nada pero no somos solo cuerpo. Debe ser que es mejor acostumbrar al bebé al abandono y a la soledad. Se destruye la figura del padre y no pasa nada porque a la madre se la pinche aquí y allá, se la raje, o se la “ayude” con unas drogas para que no “sufra”. Todo esto es por nuestro bien y nuestra seguridad.

El hecho es que a mí no me ha fastidiado el parto por causa del dolor físico, (aunque lo hubiera, este dolor lo asumo felizmente).Sino que lo más doloroso ha sido el hecho de no poder haber parido con todos mis sentidos y capacidades. Por no haber disfrutado de mí esfuerzo de dar a luz. De haberme sentido una pelele en manos de una autoridad que no entiendo. De no poder haber vivido este momento con la trascendencia que creo que tiene y haberlo convertido en una especie de “mal trago” que “cuanto antes pase, mejor”.

Dar vida al mundo es probablemente uno de los actos más importantes de mi existencia. Primero porque surge, al menos en mi caso, desde un sentimiento de amor profundo y tota;, que se convierte en un hecho biológico increíble, siendo dos seres en un mismo cuerpo que culmina en la explosión del parto; y dando al mundo uno nuevo ser que contiene lo mejor de mí y de su padre. Es un momento especial donde empatizas con todos los seres vivos.

Si llego a saber que esto seguía siendo así – como en los ochenta-, me hubiera arriesgado a parir yo sola en mi casa sin nadie más que la gente a la que quiero. Muchas personas se horrorizarán al escuchar esto y dirán que hay miles de muertes que se han ahorrado con la ciencia médica. Esto es una verdad a medias, porque tampoco se compara la de muertes provocadas por la misma ciencia, ni la de casos que no han sido los doctores sino la naturaleza misma la que ha salvado a las personas. No por nada nuestros antepasados llamaban al médico, “matasanos”.

Antiguamente los partos se atendían en casa por matronas que nada tenían que ver con las de ahora. Mis abuelas que parieron en casa recuerdan sus partos de forma agradable y emocionante, no así sus hijos.

El caso es que tampoco es mi intención atacar con encono a las personas bienintencionadas que creen dar su vida por los demás, como pueden ser muchas médicos, matronas y enfermeros, sino contra esas ideologías paternalistas de las que están imbuidas, que se saltan la libertad y el respeto a los individuos. También con el hecho de que los hospitales sean más una fábrica de bebes, de enfermos y muertos, que un lugar donde curar o ayudar a la vida. Creo que habría que hacer más autocrítica dentro de las filosofías de los hospitales e indagar los orígenes de estas actitudes. Y sobre todo he de remarcar que la indignidad y la frialdad a la que se somete al “paciente,” para “facilitar” el trabajo médico, embrutece y deshumaniza especialmente al personal sanitario.

AFRI

La Iglesuela, Toledo, 24 de febrero del 2015.

ME PARTO CON MI PARTO

Sobre Podemos (I)

Hola a tod@s tengo un amigo que ha hecho un importante estudio de este tema tan en boga. Os lo dejo por si os interesa reflexionar sobre este fenomeno actual.

Saludos

Afri

En estas breves notas nos gustaría detenernos en dos aspectos de las permanentes reflexiones que se explicitan en los discursos y libros de Pablo Iglesias (en adelante PI), y sobre los que sintomáticamente no se dilucida a partir de una prioridad emancipadora. Al respecto son muy esclarecedores los diferentes capítulos de su libro Disputar la democracia.

El primer aspecto es la defensa de que la política no tiene nada que ver con la moral. Más allá de las interesantes reflexiones que algunas corrientes (por ejemplo la ex Utopía Socialista en torno a Dario Renzi o la que existía en Alemania alrededor de la revista Krisis dirigida por Robert Kurz) han establecido sobre lo contradictorio de relacionar una práctica emancipadora con la actividad política, nuestro fin no es detenernos en esta reflexión durante estas breves notas. Si partimos de la identificación entre la práctica política como un medio para lograr un fin, el comunismo como autoemancipación y afirmación radical de una comunidad libre de mujeres y hombres. Lo sintomático es que PI rompe dicho lazo de unión. Lazo de unión posible por la conexión íntima, moral, entre medios y fines, entre la práctica política y el fin autoemancipador. Hay una reivindicación de la autonomía de lo político (¿Habla el Mario Tronti que volvió al redil del PCI?) que se emancipa del corsé moral de los medios. En este sentido es muy evidente la reivindicación de una tradición de la política que va de Sun Tzu a Machiavelli, de Richelieu a Bismarck o Carl Schmitt… Power is power nos repite machaconamente PI. Ahora bien esta aPodemos: Algunas notas sobre un significante flotante en el postmoestalinismo

!!br0ken!!utonomía de lo político, este power is power es no casualmente una reivindicación de la heteronomía (es decir de las leyes emitidas de modo externo a la comunidad humanidad y sobre la comunidad humana) y por ende de la opresión política. Se reivindica como libertad lo que es servilismo.

Y en esto es muy aleccionador el rechazo casi epidérmico que PI tiene a unir política y moral. La moral, la discusión sobre el bien y el mal, no entra en la discusión política, es decir en la esfera comunitaria. Aquí también ésta se autonomiza de cualquier control, no digamos ya auto institución social. La moral queda reducida a un ámbito privado (idiotizado dirían los antiguos griegos), atomizado, separado, fragmentado… En fin nos imaginamos que nuestro autor carismático no sabe lo bien que reproduce la lógica de fondo de la metamorfosis de la mercancía: “no lo saben pero lo hacen” le gustaba escribir al Marx de Das Kapital para explicar como los seres humanos reproducen inconscientemente el fetichismo de la mercancía1. PIT nos viene a decir que si power is power de lo que se trata es de ser el más pillo, el más listo, aquél que tiene un discurso con un valor (de cambio) más productivo y realizable en el mercado de intercambios mediáticos y electorales. Y para este mercado político la moral es un peso que quita enormemente valor a su mercancía. Estamos completamente de acuerdo con nuestro autor carismático, pero el problema es el sustantivo, la sustancia, el terreno que subyace en todo su discurso (y es que los discursos aunque floten no acaban por disolver el frío terreno en que vive la mercancía como célula de nuestras sociedades contemporáneas). Un discurso que es una metamorfosis de la mercancía. La eliminación de la moral en la práctica política es algo propio de un discurso opresivo en su misma sustancia.

No son casuales en este sentido cuáles son las referencias dentro del “movimiento obrero” que se da PIT a lo largo del capítulo II de su libro Disputar la democracia. El futuro tiene un corazón antiguo. Además de ser significativa la práctica ausencia del movimiento libertario en su exposición, es decir, del sector más masivo y radical del movimiento obrero ibérico desde su constitución hasta 1937, lo que llama poderosamente la atención es su básico posicionamiento con la línea oficial del PCE “bolchevizado” primero y estalinizado posteriormente. Reducir la política del VII Congreso del KOMINTERN, bajo la batuta de Dimitrov, Togliatti (ese “certo Ercole” del que hablaba con desprecio un Gramsci encerrado en las cárceles fascistas por voluntad de Mussolini pero sin disgusto de sus “camaradas” de la dirección el PCI) y como no STALIN, a un ejemplo refinado de ajedrez político y discursivo frente al boxeo rudimentario del extremismo izquierdista, nos parece un juego (pero macabro moral e intelectualmente). Significa olvidar lo que supuso el estalinismo moral e idealmente en la historia del movimiento obrero y de la izquierda. Ahora bien es algo coherente con su profundo desprecio por la moral en el discurso y la práctica política. Algo que no puede negarse fue típico del estalinismo. Pero si hablamos de olvidos como no señalar que en ese capítulo no se alude ni siquiera (reproduciendo los peores elementos de la cultura estalinista) a cuál fue el papel represor del estalinismo internacional e ibérico en la España de 1936-1939, con el asesinato y tortura, entre otros muchos, de Andreu Nin a manos de la NKVD rusa y con la complicidad y participación activa de la dirección del PCE (pero en el colmo de la desfachatez intelectual PI nos viene a decir que existe una autonomía no sólo de la política en general sino de la posición del PCE en los frente populares en relación a la política de la KOMINTERN). Hablar de esa autonomía del PCE con respecto a Moscú en los años 30´ si que nos parece un ejemplo muy logrado de práctica discursiva y de su capacidad de autonomizarse de la realidad. Imaginamos que Ercole-Togliatti y Pedro-Gerö (el mismo que bendijo los tanques rusos contra los Consejos Obreros del Budapest del 56´) eran hologramas que pasaban por Madrid y Barcelona, y que ese “certo” Ercole no escribía informes regulares que iban directamente a la mesilla de ese ajedrecista contumaz que era STALIN. En fin aquí PI nos da una muestra muy lograda de postmoestalinismo. Si su futuro tiene un corazón antiguo desde luego no es éste ni nuestro corazón ni nuestro futuro. Preferimos recordar con el corazón y la imaginación futura a aquellos que “Cuando era medianoche en el siglo”, como escribía Victor Serge en su novela, combatieron en nombre de la humanidad y el socialismo revolucionario a la monstruosidad moral del estalinismo. A ellas y ellos nuestro corazón y nuestro futuro.

El segundo aspecto sobre el que nos gustaría detenernos es que en PI hay un profundo desprecio de la teoría, como algo privado, “no político”, propio de “intelectuales aislados en su torre de marfil”. La política no requiere de grandes ideas y mucho menos de principios morales como nos ha recordado ya, sólo necesita de una “pillería” para lograr llegar a sentarse en el juego de tronos antes que los demás. Por eso se trata de dominar una serie de reglas formales de estrategia y táctica ajedrecísticas, de un know how que no necesita de principios programáticos, ideales y teóricos… En la política de PI de lo que se trata es de ser el más listo y en esto hay que reconocer que como él mismo dice en el artículo que escribió tras la muerte de Adolfo Suárez, Dolores Ibarruri y Carrillo eran mucho más listos que Jorge Semprún o Claudín, que (añadimos nosotros ahora) STALIN fue más listo que Trotsky, que Gramsci y sobre todo ese “certo Ercole” lo fueron más que Bordiga, que Pedro-Gerö lo fue más que el finado Andreu Nin… Ahora bien lo que hay que vislumbrar es si la política entendida como lo supone nuestro autor carismático tiene alguna raíz emancipadora o si, como entendemos nosotros, no es sino una metamorfosis más de la política opresora que reproduce en el plano de lo político la lógica de ese valor hinchado de valor que es el capital como relación social.

Y es que la teoría si es importante, no para lograr un puesto de profesor/a universitario/a o como elocubración autorreferencial sino como elemento central para una práctica radicalmente auto-emancipadora. Por ejemplo sirve para entender que el capital implica una relación social abstracta y no concreta como cree entender nuestro carismático político. Es decir la economía no se puede reducir, a pesar de los intentos totalitarios de la casta de politólogos, a la política. Si power es power (lógica formal, A=A) la economía (¿qué es la economía como hecho ahistórico?) no es igual a la política. Y es que como recordaba Amadeo Bordiga polemizando con gente más seria (Castoriadis y el grupo Socialisme ou Barbarie) “la vida del capital reside únicamente en su movimiento como valor que se multiplica en forma perpetua. Para esto la voluntad personal del capitalista no es necesaria; tampoco podría impedirlo. El determinismo económico no obliga solamente al trabajador a vender su tiempo de trabajo, sino igualmente al capitalista a invertir y acumular. Nuestra crítica al liberalismo no consiste en decir que existe una clase libre y una esclava: una explotada y otra explotadora, sino que ambas se encuentran ligadas a leyes del tipo histórico de producción capitalista” (Amadeo Bordiga, Siguiendo el hilo del tiempo, La doctrina del diablo en el cuerpo). El diablo del valor en el cuerpo del capital nos habla de un proceso que no es interno a la empresa ni a las decisiones de capitalistas malvados (PI realiza una inversión curiosa, la moral y la ética no existen donde son esenciales en la práctica de un discurso emancipador pero si entran donde son innecesarios, en el análisis del frío movimiento de la mercancía que envuelve los tiempos presentes) sino que es una relación social abstracta y no puede entenderse de otra manera. Es en este contexto (el del movimiento en perpetua hinchazón de valor que es el capital) que se mueve el Estado y la política como una precisa fuerza social. Y eso son los límites insoslayables que constituyen una frontera insuperable para la práctica política que se realiza dentro del cuerpo diabólico del capital.

Entonces quien reduce la realidad a un combate entre púgiles es PI. Entre los malvados que son casta y que han realizado un golpe de Estado financiero (de los mercados y banqueros sin corazón) rompiendo el supuesto pacto y contrato social procedente de la Transición. Gracias a su inteligencia política PI solicita nuestro apoyo en su juego de tronos. Nos promete algo que no puede prometer y que no depende de él, el mantenimiento del llamado “Estado de bienestar”, ya que el presente y futuro de éste es el resultado de un movimiento automático e independiente como es el del capital. Un movimiento en crisis irreversible debido a como el valor de la mercancía tiende a ser un instrumento cada vez más parasitario e insuficiente para mesurar la riqueza humana2. Y PI, a pesar de su carisma y su proverbial confianza en sí mismo, no puede detener dicho movimiento.

La teoría, los principios, los programas, la historia del movimiento obrero revolucionario son importantes. Las aportaciones del pasado, el hilo del tiempo al que se refería Amadeo Bordiga, es indispensable aunque no sea suficiente. Ya que nos permite mirar y actuar sobre la realidad en una perspectiva amplia y no repitiendo (sin saberlo) los viejos clichés proudhonianos acerca de que la propiedad privada es un robo. En este sentido nuestra situación es terriblemente adversa, ya que la combinación entre estalinismo y postmodernidad que supone Podemos es la expresión sintomática de la tradición perdida. Tradición que es indispensable para proyectar con imaginación un futuro realmente auto-emancipador.

Como se puede comprobar leyendo estas breves notas (a las que pretendemos dar continuidad) nuestra crítica huye de la fácil caricatura que lanza PI a sus “críticos a la izquierda”, como boxeadores extremistas que querrían la desaparición inmediata del Estado y del capital. Bien sabemos que eso es imposible en el estado presente del dominio del capital sobre las relaciones sociales, ahora bien es fundamental como trabajamoer isn´t power frente al diablo en el cuerpo que es el capital.

Jorge Herrero.

Madrid, 6 de enero de 2014. s teórica y prácticamente desde ya por este objetivo (reanudando el hilo del tiempo y tejiendo nuevas hiladuras) y, además, PI no tiene el poder que dice tener. A veces power isn´t power frente al diablo en el cuerpo que es el capital.

Jorge Herrero.

Madrid, 6 de enero de 2014.

1 Al respecto como no recordar que Luis Alegre recomienda en su Tesis doctoral que luego publicó en forma de libro junto a Carlos Fernández Liria, (El orden del Capital,Akal, Madrid, 2010) que en la lectura de éste no había que empezar por los primeros capítulos. Y es que en efecto una comprensión categorial en torno al concepto de valor de Marx es incompatible con cualquier discurso republicano y ciudadanista, como el que supone a primera vista, sin ser maliciosos, Podemos.

2 En la economía de este artículo no tenemos tiempo para detenernos en este aspecto muy importante y que se expresa en como el trabajo muerto cristalizado en las máquinas tiende a expulsar al trabajo vivo de la producción de valor. Remitimos a los trabajos en castellano de Moishe Postone y del grupo Krisis (a través de Robert Kurz y Anselm Jappe).

Sobre Podemos (I)

REFLEXION 3: La humanidad perdida. La animalidad perdida. La naturalidad perdida (I)

ESCLAVIZAR- ESCLAVIZARSE

En la categoría de los animales, existen los salvajes, los domesticados y los esclavos. Su condición está muy ligada al medio en el que viven, casi en una misma clasificación, esta; la tierra salvaje, la domesticada y la esclava. Y estos deben su condición a un ser, el ser humano.

Lo que el ser humano no llega a entender es que en la medida que domestica la tierra, se domestica a él mismo. Y en la medida que esclaviza a la tierra, él es esclavo. Que cuantos más animales salvajes se extinguen, el pierde la referencia del camino de vuelta a su libertad.

La naturaleza ha sido modificada lentamente por los seres que la habitan para poder hacerse un hueco más o menos confortable. Estos espacios han alcanzado un equilibrio, llamándose “nichos ecológicos”. Posteriormente alguno de estos seres vivos coge preeminencia, y modifican el nicho a su imagen y semejanza. Esto pasó con el ser humano cuando empezó a domesticar/se hace miles de años.

A pesar de que el humano empezó a controlar los procesos vitales de los seres, lo hacía desde un respeto y un amor propio de su familia mamífera. No es el único ser que hace esto, pero si empezó a modificar el medio de manera bastante efectiva a lo largo de miles de años, y como respuesta a graves problemas. Así el humano doma a la naturaleza.

Hasta el establecimiento del Poder, con el patriarcado, las relaciones de interdependencia entre especies que eran más o menos habituales, pasan a ser más intensas y dependientes del humano, hasta el punto que se llega a modificar la propia genética de las especies. Así el humano domestica a la naturaleza.

Las nuevas especies no pueden vivir sin el medio domesticado y sin las prácticas del humano asociadas a él. Sin esto, las nuevas especies mueren. Si mueren se rompe el equilibrio natural, generando estados de inestabilidad fuerte, donde otro ser (o una modificación de los existentes) se apropia del medio.

Ejemplos de esto último los tenemos en los saladeros y en los pastos.

Con la era industrial, el ser humano pasa a esclavizar/se[1]. Digamos que perdemos la naturaleza por una mala copia artificial de esta.  Las plantas dejan de ser plantas (véase los monocultivos, los transgénicos y los cultivos hidropónicos…) los animales lo mismo (ganadería industrial y las mascotas generalizadas) y los humanos en su misma medida pierden su humanidad.

La humanidad se pierde en cuanto este sistema nos hace peores en actitudes y aptitudes. Nuestra manera de vivir es abrasiva. La creación del trabajo asalariado, la pérdida de la ética, la competitividad, el consumismo desenfrenado, el vacío existencial, el egoísmo y el egotismo.

La humanidad se pierde desde que nos creemos aislados o por fuera de la naturaleza, cuando dejamos de sentir nuestros instintos, cuando se nos olvida que somos animales, animales sociales. Y nuestra libertad está en no perder esa referencia de lo que fuimos.

La mayor parte de la libertad la perdimos cuando dejamos de ser una sociedad cazadora-recolectora. Y ahora la vamos a terminar de perder con la desaparición del mundo rural tradicional.

El problema de muchas personas que suelen estar totalmente urbanizadas, es que creen que podemos volver a nuestra libertad primigenia, pero eso es tan difícil como recuperar los ecosistemas iniciales. Ya no existen los recursos con los que antes nos relacionábamos. Y lo peor de todo…ya no somos los de antes. De la misma manera que un perro no es un lobo.

Pero la era artificial (industrial), lleva pocos siglos, aunque sus efectos hayan sido descomunales. Todavía tenemos retazos de ecosistemas y culturas que no han muerto del todo, y que aun siendo muy dañados, pueden volver a reencarnarse. Todavía quedan algunos abuelos que guardan en la memoria maneras de hacer. Y nuestro código genético no ha terminado todavía por modificarse completamente.

La cuestión es plantar cara a todos los cambios acelerados impuestos que nos vienen, es no caer en las redes ideológicas del poder y huir de su cultura despegada de nuestra esencia natural y humana. El objetivo de la ingeniería social sobre los humanos se puede barruntar fácilmente observando los procesos de la ganadería intensiva, o industrial.

Valle del Tietar 20 de marzo 2015

Equinoccio de primavera y eclipse

[1] No he encontrado mejor término para explicar este proceso. Quizás debiera decir destruir-destruirse…pero no me termina de convencer….porque no se acaba con la vida del todo sino que la somete a tal punto que deja de ser ella.

REFLEXION 3: La humanidad perdida. La animalidad perdida. La naturalidad perdida (I)

¿Porque  la maternidad es la base para un cambio social?

Porque es un cambio integral, y no parcial. Un cambio en el todo de la realidad, y no en un mundo de las palabras. Un cambio en el presente y en el futuro. Un cambio que toca con los tres campos universales (que podemos definir de muchas maneras desde el cuerpo-mente-espíritu, yo-superyo-ello, tierra-aire-agua, físico, psíquico y espiritual…dependiendo desde que perspectiva se enfoque).

  1. Desde ti.

Los humanos somos mamíferos. La maternidad[1] está dentro de nuestro instinto animal. Procrear no es comparable a otras actividades como trabajar o esquiar. Es una acción con y dentro de nuestra naturaleza. No es algo artificial que sea impuesto por el entorno social, aunque este se apropie de esta capacidad. Por ello ejercer la libertad de ser madres[2], es algo que se nos acopla bastante bien, ya que la maternidad está con la vida.

El amor es una fuerza que nos hace sacar lo mejor de nosotros, que nos limpia por dentro, y que se multiplica exponencialmente echándole el sustento de más amor. Hay muchas cosas a las que se llama amor, pero amores verdaderos hay pocos. El amor profundo tiende a buscar la humidad y la generosidad. El amor profundo no tiene por qué ser correspondido, pero si es recíproco se llega más lejos.  En condiciones naturales la maternidad se inicia desde el amor. El amor hacia el otro. Que se convierte en un amor entre nosotros. Un poliamor.

Así pues la maternidad es una realidad natural y desde el amor, que nos hace mejorar inconscientemente la calidad de nuestro ser. La maternidad es un proceso de crecimiento personal. El ser dividido busca la unión cuerpo-mente, y ésta, con el corazón. El ser se abre al mundo, se vuelve más sensible, más comprensivo, más auténtico y poliédrico. Se hermana con su especie y con las madres de todas las especies. Más holístico.

  1. Desde nos.

El sistema actual basado en un patriarcado renovado, que promueve la tiranía de unos pocos sobre la explotación de unos muchos a través de múltiples formas y trampantojos. Interesa que seamos sujetos aíslados, especializados, incompletos, incapaces para la asociación, o el desarrollo de nuestras capacidades y en definitiva de nuestra libertad. De esta manera somos lindas piezas que encajan para sus puzles, pero por si solas no tenemos sentido. Se buscan piezas productivas, con alta disponibilidad, buena presencia y sin vida personal.

Tener hijos en esas condiciones es prácticamente como no tenerlos, ya que necesitas de otros, para que te los cuiden. Pero si a esto, se diera la vuelta y las personas nos juntásemos para reivindicar nuestra libertad a ejercer la maternidad, el poder perdería parte de su capital. Es más si decidiéramos organizarnos para no depender de sus sueldos, de sus trabajos asalariados, y de su sistema de explotación el poder prohibiría la maternidad.

De hecho hay algo de verdad en todo esto, y se llama biopolítica. Cuando interesa, se proyecta y fomenta prototipos de persona según los intereses del Poder. Se fue cambiando de la familia extensa a la monoparental. En el Franquismo era el de la familia patética, y ahora es el de la no-familia. El caso que el sujeto este bien individualizado, no tenga raíces, no conozca ni a sus vecinos, y por supuesto que tenga las relaciones justas para sobrevivir, es decir, superficiales y/o virtuales.

Han descubierto que es más barato contratar a personas de otros países, que tener que gastar recursos en domar las capacidades de los oriundos en la educación. O mejor aún, marchar las empresas (“generadoras de empleo”) a países “emergentes”, donde se abaraten gastos y se obtengan grandes beneficios.

El caso que las empresas que se quedan, para poder competir con las que se marchan a los países del trabajo esclavo, imponen condiciones laborales que no van con la vida humana. Quizás otro proyecto del poder sea la robotización en masa…pero eso tiene que ser más paulatino, e incluso para eso tenemos que tocar de nuevo con la maternidad, entre otros temas.

Una madre que le planta cara a su jefe para cuidar a su bebe, está luchando por muchos bebes y madres. Una madre que deja de facturar dinero para la empresa que la explota, se está haciendo un favor a ella y al mundo. Una madre que trata de compatibilizar una forma de vida digna con la maternidad está dando un golpe a la biopolítica. Y una madre que se organiza con otras madres para acabar con esta situación es el inicio de una revolución.

El patriarcado y el neopatriarcado[3] otorga un rol de padre que es poco apetecible, ya que por un lado, está “pater-malo” dominador, o por otro está ausente en la maternidad. Por otra parte el paternalismo que el patriarcado ejerce con los hombres, les infantiliza produciendo seres que no saben ser padres, y actúan como hijos. De esta manera pocos hombres tendrán ganas de ser padres, puesto que no tienen un espacio de desarrollo de una paternidad[4] diferente.

  1. Desde ello

La maternidad es subversiva porque va en contra de proyecto de deshumanización internacional. La maternidad entendida como el acto de vivirla, y no con el hecho de tener hijos sin más, como acopio de objetos o de títulos para un curriculum. Para deshumanizar y robotizar al ser humano, lo primero es que desde que nace sea sometido a diferentes prácticas no-maternales, para que se adapte a la sociedad que estamos creando.

Los recién nacidos son sometidos al aislamiento generalizado “para que no se malacostumbre”. Se le pone en una habitación aparte, no se le coge en brazos más que a unas horas al día que es cuando se les alimenta a bases de biberones[5] y se les calma a base de chupetes y maquinitas que hacen ruido. Hay que evitar el calor, la voz, y el cariño materno. Hay que compensar ese vacío con productos de mercado. Hay que evitar que sean unos seres sensibles, seguros de sí mismos y que aprendan a amar.

Se sistematiza los embarazos entendidos como enfermedad, tener hijos como carga, estorbo, o reprimidores de la libertad. Sobre todo de la “libertad” de trabajo, y de consumo. Se interviene en la crianza desde el Poder, desde la más tierna infancia, obligando  a las madres trabajadoras meter a los nenes en la guardería y a todas, trabajadoras o no, sin excepción en la escuela. Obligando a los niños a perder su tiempo en el colegio-cárcel-fábrica. Para que terminen perdiendo su vida en el trabajo asalariado-cárcel-fábrica. Y si queda un poco de tiempo para perderlo en el consumismo autodestructivo (televisión, drogas, compras). Y las vacaciones cortas para que no piense que el sentido de su vida es un sinsentido.

  1. Desde una maternidad diferente

El caso que debemos apoyar una maternidad diferente, que no se deje engañar por los factores disruptores de vida. Que viva con emoción, animo, la alegría de ser madres, de ver crecer a una parte amada de sí mismas. De dar lo mejor de sí, para contribuir al desarrollo de seres humanizados conectados con sus instintos, emociones y pensamientos, críticos con el entorno que les rodea. Que se sientan seguros de sí mismos para poder crear y saber resolver los problemas que se van a encontrar. Que tengan ganas de vivir y luchar por la vida. Y no que sean unos tiranos abúlicos y pasivos, corrompidos por lo material y el poder, egoístas incapaces de compartir sus vidas con nadie.

Una maternidad viva, asumiendo la imperfección del ser humano, pero también su capacidad de autocrítica y mejora, con humidad y ganas de reírse de los errores.

Una maternidad que no sea paternalista, ni hijoputista.

Una maternidad que no sea de un solo individuo, sino que lo ejerzan tanto e padre como la madre y que sea apoyado por todos los individuos de la comunidad en la que se pertenece. Una parternidad diferente.

Valle del Tietar, 18 marzo 2015

[1] Cuando digo maternidad, también incluyo paternidad, excepto a que lo indique específicamente en algún párrafo.

[2] Cuando digo madres, me refiero a madres y padres.

[3] En neopatriarcado incluyo el feminismo de Estado.

[4] Como he dicho en la nota anterior cuando decía maternidad me referia a partenidad-maternidad, y en excepciones como este me refiero excusivamente a la paternidad.

[5] Mi intención no es culpabilizar a las madres que no han podido dar pecho a sus bebes, sino al sistema que lo fomenta.

¿Porque  la maternidad es la base para un cambio social?

REFLEXIONES  soeces 1: EL PATERNALISMO VS EL HIJOPUTISMO

Hay dos grandes actitudes en nuestra sociedad que la pervierten. Dos grandes corrientes de pensamiento que, curiosamente desembocan en lo mismo: esto es el fascismo del Estado contra los pueblos. Son dos caras de la misma moneda, dos principios de tira y afloja, dos conceptos que aparentemente se repelen pero en el fondo son una y la misma cosa; dos rasgos de la burguesía, dos estados de ánimo de los amantes del Poder. Me estoy refiriendo al paternalismo y a lo que he bautizado como “hijoputismo”.

El paternalismo  es la conducta de la sobreprotección opresiva. Es la obsesión por dar sin que nadie lo haya pedido. Es el dar biberón a un chico de 20 años, y la papillita al de treinta.  Es dar una pensión a alguien con tendencia al alcoholismo y condenándolo con esto, ya que se lo va a beber todo hasta que reviente. El paternalismo puede surgir de una inocente buena voluntad o de la necesidad de tener un sentido de la vida ajeno a sí mismo. También surge como una forma de calmar el sentimiento de culpabilidad del que ejerce de “padre” o bien como mecanismo para justificar cualquier acto que se salte el respeto del que ejerce de “hijo”. Surge de un amor mal entendido, pues no quiere en el fondo lo mejor para el sujeto que defiende o protege, sino que este le sirve de escudo y excusa para evitar analizarse a sí mismo. También es una actitud del que paga, y quien paga manda, y el que manda quiere forjarse una imagen de bienhechor y altruista.

El paternalismo es una de las consecuencias de la extrema jerarquía en la que vivimos. Es una actitud pastoril con otros seres humanos, con los iguales. El paternalismo es una aspiración a mandar con la excusa de cuidar, ayudar o salvar. El paternalismo es aquél que no confía en sus iguales y se cree superior. No cree en el “nadie es más que nadie”. El paternalismo provoca unos daños colaterales de consecuencias dramáticas, tan dramáticas que con el tiempo se van haciendo irreversibles. El paternalismo genera deshumanización porque da al que no tiene pero no le deja desarrollarse.

El paternalismo ataca la dignidad del otro y generalmente le considera como un ser movido sólo por impulsos fisiológicos. El paternalismo es desvergonzado y soberbio. El paternalismo ahoga y obstruye la posibilidad de que el amor crezca y se extienda. El paternalismo nos mina la confianza en nosotros mismos y ese es uno de sus objetivos reales no declarados públicamente.

El paternalismo es una de las mejores herramientas que a lo largo de la historia ha poseído el esclavista para mantener el estatus quo que le es favorable. Del paternalismo ha surgido el afán por moldear desde arriba al ser humano para que sea lo que se ha detallado en planes diseñados por muy pocos en despachos estatales y empresariales.

El paternalismo es incompatible con unas relaciones sociales sanas, es enemigo de la convivencialidad. El paternalismo es el “amigo” del pragmatismo, aquel que no cree en las capacidades humanas, que desprecia la voluntad, el libre albedrío, la capacidad de esfuerzo, la libre iniciativa, la autonomía, la independencia, la creatividad, la valentía o el amor.

El paternalismo no nos deja crecer de ninguna de las maneras, sobre todo nos pone un tapón al crecimiento espiritual y convivencial. La historia ha demostrado que el paternalismo funciona bien cuando las cosas se ponen feas para los que mandan, es un anestésico general para el dolor revolucionario. El paternalismo es violentísimo y poderoso porque sabe movilizar las energías de los bienintencionados. El paternalismo construye trampantojos por doquier hasta que el nivel de mentira e hipocresía se hace tal que todo entra en gravísima crisis. El paternalismo mata en vida porque arranca de cuajo el sentido de esta.

El paternalismo impide la verdadera amistad y sin amistad la revolución no podrá ser. El paternalismo no da altura a la vida sino que la mantiene a ras de suelo, hace que se reduzcan radicalmente las ganas de vivir. Hace que los de abajo compitamos entre nosotros por la bendición del que manda. Hace que nos veamos como enemigos porque nos hace perder el respeto por nosotros mismos y por los demás. Sobre todo nos aleja cada día que pasa, más y más, de poder ser personas con las capacidades suficientes para autogestionar algo. No nos lleva poco a poco hacia algo mejor sino todo lo contrario, nos arrastra sin remisión hacia la esclavitud y la perdida de la condición humana.

El paternalismo entierra bajo metros y metros de hormigón a la virtud, pues no la necesitan los que ya son ayudados, tutelados, guiados, enseñados, adiestrados, formados, entrenados, alimentados, vestidos, entretenidos, salvados o movilizados. El paternalismo es una manga ganadera de dimensiones históricas (una manga ganadera es un pasillo estrecho donde las ovejas, de una en una, avanzan sin vuelta atrás, para que el veterinario las pueda pinchar los medicamentos con facilidad y sin posibilidad de resistencia por parte de estas).

El paternalismo genera individuos vagos,  ultra-dependientes, autoabandonados físicamente, mimados, ansiosos como una oveja cuando escucha el sonido del pienso al final del día, con baja autoestima, falto de virtudes, retrasado en un desarrollo humano, escaso de empatía e inútil para la convivencia. Un ser egocéntrico y ruin, débil, abúlico, depresivo, enganchado a los vicios y a las experiencias fugaces que no requieran esfuerzo, enamorado del placer múltiple y constante, asqueado y perdido. El paternalismo crea sujetos  de mentalidad esclava inundados de miedos, incapaces de emprender ninguna acción por sí mismos, pues la realidad les abruma.  Crea “cerditos” que esperan el pienso de la subvención o al partido redentor. Cerditos cuya vida ya está muerta, seca, árida, sin amor. Sujetos pasivos que utilizan el rol de la víctima eterna, y se dan en el fondo pena de sí mismos esperando o exigiendo la caridad de los demás, a veces de manera aprovechada, abusiva y manipuladora.

El paternalismo fabrica seres nocivos para el colectivismo pues los crea como sujetos irresponsables. Esto lleva a una práctica errónea con los bienes comunales que desgastan sobremanera los intentos autorganizados de compartir más y desplegar el apoyo mutuo organizado. Gasta paciencias y lleva al límite a muchas colectividades. El paternalismo fabrica en serie seres individualistas al ciento y uno por ciento. El paternalismo es la izquierda estatalista, es el socialismo de Estado, es el comunismo, es el fascismo, la teocracia y el liberalismo.

El paternalismo político lo ejercería el “Papa Estado” con todos sus oficios (finanzas, ejército, educación, sanidad, obras públicas, policía, etc), en un discurso renovado de auténtico despotismo ilustrado (el famoso “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”). El papa Estado tratará que sus súbditos no hagan absolutamente nada. Sólo que sean una pieza de engranaje más sin un sentido propio.  Estos hijos del paternalismo occidental sólo consumen acosta de devastar a otros seres que producen sus lujos. A su vez los que producen viven en un régimen de hijoputismo político. El paternalismo es el enemigo número uno de la libertad, el hijoputismo es el número dos.

El hijoputismo surge de un odio sinsentido hacia el otro, de un “sálvese quien pueda” y de un tonto el último. El hijoputismo miente, roba, mata con tal de ganar o salvarse él. Es hipócrita, individualista, egoísta, siempre se está midiendo y comparando, es desconfiado y sobretodo muy envidioso. Es profundamente infeliz, y no soporta que los demás lo sean, un perro del hortelano miedoso, por ello necesitan controlarlo todo, y aparentar ser los más fuertes siendo la vanidad una de sus características.

El hijoputismo genera espirales de violencia, levanta muros, encierra lo bello. El hijoputismo es la competición despiadada, la ley del más fuerte, la ley del talión, el hobbesianismo. El hijoputismo asesina sin remordimientos, y si hace falta sobre una tarima de ley y de orden. El hijoputismo genera hijoputismo y este mismo lo genera exponencialmente.

Tanto paternalismo como hijoputismo tienen distintos niveles: un nivel basto y otro nivel fino. Hasta aquí he descrito el basto, pero en nuestra sociedad el más problemático es el fino, porque es disimulado y sibilino.

Tanto el paternalismo como el hijoputismo generan los individuos de una sociedad podrida, y a su vez representan las corrientes ideológicas del Poder. En cierto modo podríamos identificar el paternalismo con la izquierda y el hijoputismo con la derecha parlamentaria, pero a estas alturas sabemos que la realidad política no es tan obvia, y que tanto derecha como izquierda pecan de los mismos vicios.

El hijoputismo político lo vemos en los países de las economías emergentes, cuya meta es llegar al paternalismo político. También lo vemos en otros países donde el hijoputismo político es una meta en sí misma, como son los regímenes ultra liberales o las dictaduras religiosas/fascistas (véase el Estado Islámico o la república teocrática de Irán). El paternalismo en cambio cala muy bien en las democracias socialdemócratas demagógicas de los países occidentales.

Paternalismo e hijoputismo son enemigos de la libertad. Van contra de la dignidad de las personas. Van en contra del desarrollo de una vida plena.

Valle del Tietar, 8 de marzo 2015

REFLEXIONES  soeces 1: EL PATERNALISMO VS EL HIJOPUTISMO